A primeros de marzo, el director de El País, Antonio Caño, publicaba una carta abierta a los empleados del diario en la que anunciaba los primeros pasos para su total digitalización y hacer de él “un gran medio digital de cobertura global”. Decía Caño que ese paso del papel hacia lo digital es uno más de todos los que han de dar “hasta alcanzar nuestro verdadero espacio futuro”. El de la prensa.

El País ha seguido la senda que ya han iniciado otros diarios. Es el caso de The Independent, que alumbra estos días sus últimas ediciones impresas en su camino para ser un medio esencialmente digital. Los motivos que alegaron para esta transición se concretan en cifras: Un crecimiento de la audiencia mensual de su site del 33,3% en el último año hasta alcanzar los 70 millones de usuarios únicos globales.

En 1948 la Sociología denominaba a la audiencia ‘masa’, tomando a los consumidores como cantidades ingentes de personas que, expuestas a estímulos de los medios, eran totalmente manipulables. En 1992 Paul Lazarsfeld y Robert K. Merton se encargaron de negar esta teoría afirmando que los efectos de los medios son limitados y que los espectadores u oyentes no son manipulables y escogen lo que quieren consumir.

Lo audiovisual triunfa: El vídeo es el rey. Este furor se materializó con YouTube desde su fundación en 2005, pero ahora las principales redes sociales se apuntan a la carrera espacial del vídeo. No hay más que ver cómo desarrollan funcionalidades para compartir contenidos propios (Facebook Live) o, en su defecto, adquieren otras (Twitter con Periscope). Pero, si hay una red social que ha desatado la fiebre entre los adictos al vídeo, ha sido Snapchat. Sus números, nada menos que 10.000 reproducciones diarias según Bloomberg, han atraído las miradas de todos. Especialmente la de Facebook, que a principios de agosto lanzó Instagram Stories para competir de forma directa con el mismo formato. ¿Qué tienen estas redes sociales para haber encandilado al público millennial?

Pasamos 46 minutos de media mirando Faccebook, según cifras de la propia red social, y cada segundo se generan 41.000 posts, 1,8 millones de ‘me gusta’ y 350 gigabytes de datos, en palabras de Qmee. La irrupción de otras redes sociales en el terreno de juego (Twitter en 2006, por ejemplo), hizo pensar que el fin de Facebook estaba cada vez más cerca, pero nunca llega. Es más, se encuentra en su mejor momento. Desde su fundación en 2004 no para de crecer en número de usuarios, 1.710 millones según los últimos datos, y tampoco lo hacen sus ingresos (5.825 millones de euros, un resultado 60% mejor que el de hace un año). Lo contrario le ocurre a Twitter, que parece estancado en su crecimiento incluso con los nuevos productos e innovaciones. Entonces, ¿qué es lo que hace que estemos tan enganchados a Facebook?

Hace días leíamos que YouTube se sube al carro de la producción audiovisual. Lo hace a través de una serie basada en Step Up, un éxito de taquilla que protagonizaron Channing Tatum y Jenna Dewan en 2006. La película cuenta la historia de dos jóvenes que aspiran a ser bailarines profesionales. YouTube ha visto su potencial y ha decidido estrenarse como productora de series basando su primer proyecto precisamente en ese film. Esta vez la plataforma de vídeo más famosa de Internet quiere estar detrás de la producción de la serie y convertirla en producto propio.

Si hace unos años te hubiera preguntado de qué manera pagabas tus compras, seguro que me hubieras dicho que con tarjeta, por supuesto. Probablemente si te lo pregunto ahora, tu respuesta no está tan clara y es posible que menciones el pago por móvil.

En los años 80, el manifiesto DDB supuso la gran revolución creativa en España. El fundador de DDB, autor de los primeros anuncios del Beetle, ejemplo de síntesis creativa, dejó un legado al que no siempre la creatividad fue fiel pero que creo deberíamos recuperar hoy. El ingenio creativo, la provocación, la inspiración,… ser capaces de interactuar para abrir un diálogo y persuadir. En su ideario había espacio de colaboración entre la idea, los medios y la investigación. Fue después cuando MMLB rompió el modelo de los medios, poniendo el acento en la parte financiera, y a partir de ahí se generó la ruptura que separó creatividad y medios, un modelo con el que hemos llegado a nuestros días. Olvidando que deben caminar juntos. 

Palabras como m-commerce, big data, Internet of Things o wearables no dejan de aparecer por doquier como tendencia, a pesar de que algunas son ya una realidad en nuestra vida cotidiana. Y, si en algo se insiste estos años, es en que vivimos en la era del Contenido y el Contexto. Oímos que la mejor manera de diferenciarse y de seguir siendo competitivos es crear contenidos de calidad, interesantes, atractivos y que aporten valor. Yendo más allá, los que más nos calan e impactan son los audiovisuales. YouTube es la red social del vídeo por excelencia y se dice que es la televisión del futuro. Google, incluso, ya ha recomendado a las marcas con foco en la audiencia de entre 16 y 34 años que inviertan un 24% de su presupuesto de TV a YouTube.

Mi madre siempre me decía que “Las mejores esencias se guardan en frascos pequeños”. Encierra lo pequeño un gran tesoro que debe ser cuidadosamente mimado y atendido. Más allá de grandilocuencias, vivimos de pequeños recuerdos, pequeños instantes que dan luz a lo que somos y que nos definen. Y de esta filosofía bebe el marketing que viene, con el objetivo de focalizarse en los momentos que hacen única la vida de todo ser humano.

Un estudio de BT lo confirmaba hace poco: La tienda física no ha muerto y tampoco se espera que vaya a hacerlo. Las tiendas online y físicas no sólo coexisten, sino que se complementan perfectamente. El consumidor ha cambiado su forma de comprar y el sector retail está sabiendo adaptarse a lo que la sociedad digital demanda: Omnicanalidad. El usuario se relaciona con la marca desde múltiples touchpoints hasta decidirse a comprar. Y, de hecho, uno de cada tres consumidores empieza el proceso de compra en la web de la compañía, aunque finalmente compren en una tienda en la mayoría de los casos. El mundo online y el offline se complementan para enriquecer la experiencia de compra.

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